Muchos hemos escuchado alguna vez la palabra biodiversidad, ya sea en artículos como este, en publicaciones científicas o bien en redes sociales. La popularidad de este término solo hace más evidente el olvido que ha sufrido su hermana, la geodiversidad (Figura 1).  Así como la biodiversidad se refiere a las distintas especies que componen la parte viva del mundo natural, la geodiversidad se refiere a los distintos elementos que componen la parte abiótica de la naturaleza, es decir la parte “no-viva”. Dentro de esta categoría encontramos todo tipo de estructuras y formaciones como cascadas, volcanes, ríos, minerales y por supuesto, glaciares.

 

Figura 1: Evolución en el tiempo del uso de las palabras geodiversidad vs biodiversidad / © Google Ngram Viewer.

 

Como suele suceder, el mundo de las palabras es un reflejo del mundo de las acciones. Continuando con la comparativa, es fácil ver lo mucho que se ha hecho en pos de la conservación y del cuidado de la biodiversidad. Un ejemplo de ello es la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la cual indica las especies en peligro de extinción en todo el planeta. A casi 60 años de su formación, aún no contamos con ninguna iniciativa para la geodiversidad que se le asemeje en magnitud y alcance. Esto se hace aún más grave cuando consideramos que la geodiversidad no es renovable. Sus elementos suelen tomar millones de años en formarse y de ella depende el equilibrio de la biodiversidad (Andrasanu, 2006). Una vez destruida, el daño es irremediable.

Afortunadamente, el escenario está cambiando. En las últimas dos décadas, el interés por parte de científicos en el cuidado de la geodiversidad ha crecido de manera sostenida (Brilha, 2016). Tenemos ante nuestros ojos el nacimiento de una nueva área del conocimiento, la disciplina del geopatrimonio. En ella, geocientistas de distintas especialidades abocan sus esfuerzos en conocer y estudiar los elementos más representativos, únicos o interesantes de la geodiversidad con el objetivo de que los valoremos y gestionemos de la mejor manera posible. 

Tal como ocurre con cualquier disciplina incipiente, los primeros pasos se dedican a definir los términos básicos que nos guiarán a un buen desarrollo del conocimiento. Así, en el último tiempo, se han definido distintos tipos de geopatrimonio, como por ejemplo el patrimonio paleontológico, geomorfológico o volcanológico. Junto con ello, se han desarrollado numerosas metodologías para estudiarlos, evaluarlos y valorizarlos. Lamentablemente, del patrimonio glaciológico se ha escuchado poco y nada. 

Sin embargo, el patrimonio glaciológico posee atributos que lo distinguen de los otros tipos de geopatrimonio, por lo tanto, amerita su debido protagonismo. Algunas características únicas de los glaciares son:

  • Son probablemente el elemento de la geodiversidad que se encuentra más amenazado producto del cambio climático. La gran mayoría de los glaciares ve sus volúmenes disminuir año a año (Marzeion et al., 2014). 
  • Por lo mismo, son excelentes indicadores del cambio climático (Qin et al., 2014). 
  • Regulan los aportes hídricos a las cuencas, en especial en épocas de sequía o verano cuando las precipitaciones son escasas (Cuffey & Paterson, 2010).
  • Juegan un rol importante en la regulación del clima al reflejar gran parte de la radiación solar (Sun et al., 2020).
  • Representan elementos de peligro geológico a través de procesos como lahares, deslizamientos, inundaciones por desbordes violentos de lagos glaciares, entre otros (Kääb et al., 2005).
  • Son un atractivo natural que permite el desarrollo de actividades turísticas y/o educativas (Palomo, 2017).

 

 

Los glaciares permiten la subsistencia de ríos y vegas, sobre todo en verano o en periodos de sequía cuando la lluvia escasea. Son también imprescindibles para las comunidades locales que habitan aguas abajo / © David Cossio.

 

Es evidente la fuerte incidencia que tienen los glaciares en los territorios donde se emplazan. Juegan un rol importante, tanto en los ecosistemas cercanos como con las comunidades locales. A pesar de ello, no existe ninguna metodología para evaluarlos y gestionarlos desde la mirada patrimonial. A su vez, las dificultades técnicas y los elevados costos que implican los estudios glaciológicos dificultan aún más su desarrollo. 

Por todo lo mencionado, a mediados del año pasado, la Fundación Geoparque Pillanmapu decidió tomar la iniciativa y desarrollar una metodología para evaluar el patrimonio glaciológico, la primera de su tipo. La metodología, actualmente en desarrollo, está diseñada para ser aplicada en todo tipo de glaciares y con métodos de bajos costos y dificultad técnica. La fundación busca que sea replicable por proyectos de gestión territorial que no necesariamente cuentan con grandes presupuestos y equipos altamente específicos. De esta manera, apunta a democratizar la gestión del patrimonio glaciológico y, por lo tanto, dar un importante paso en pos del manejo de nuestros hielos. 

¿De qué se trata esta metodología? Al igual que la mayoría de las metodologías existentes para evaluar el geopatrimonio, permite calcular ciertos índices que miden propiedades clave del elemento estudiado. Algunos ejemplos de estos son el valor científico del glaciar, la peligrosidad asociada o el riesgo de degradación. La diferencia con otras metodologías radica, principalmente, en la manera en que se calculan dichos índices. A partir del cálculo de estos, se obtiene el conocimiento necesario para establecer estrategias de gestión en torno al glaciar.

La Fundación Geoparque Pillanmapu ya está aplicando dicha metodología en la cordillera maulina y espera publicar los resultados a mediados del 2022. A comienzos de abril se realizó la primera campaña de trabajo de campo en los glaciares ubicados en las faldas de los volcanes Planchón, Peteroa y Azufre. En abril del 2022 repetirá la toma de datos en dichos glaciares para poder contrastar los resultados con los del año anterior. Además, instaló cámaras de monitoreo que permitirán tener un registro continuo de la evolución de los hielos. 

 

Miembros del equipo de la Fundación Geoparque Pillanmapu tomando mediciones en los glaciares del Maule / © David Cossio.

 

 

A pesar de que los resultados de esta investigación no están aún del todo terminados, ya es evidente el lamentable estado en el que están estos glaciares y es muy probable que en el futuro cercano muchos de ellos desaparezcan. No es demasiado lo que se puede hacer para evitarlo, pero desde la Fundación Geoparque Pillanmapu quieren al menos educar, sensibilizar y dejar un registro visual, para recordar a las futuras generaciones que alguna vez hubo hielo aquí. 

 

Imagen aérea de la zona superior de un glaciar ubicado en las faldas del volcán Peteroa. Se puede ver el hielo completamente descubierto, sin nieve o neviza sobre él, indicando que está perdiendo masa rápidamente / © Cristián Peralta.

 

Como dice la placa que se instaló en el ya extinto glaciar mexicano Ayoloco: “A las generaciones futuras: aquí existió el glaciar Ayoloco y retrocedió hasta desaparecer en 2018. En las próximas décadas, los glaciares mexicanos desaparecerán irremediablemente. Esta placa es para dejar constancia de que sabíamos lo que estaba sucediendo y lo que era necesario hacer. Solo ustedes sabrán si lo hicimos”.  Bien podría instalarse una de estas en varios lugares del Maule, solo es cosa de tiempo.

Evolución temporal de la superficie cubierta por nieve o hielo en el complejo volcánico Planchón-Peteroa-Azufre. Imágenes tomadas a fines de verano. Es probable que en la primera imagen la superficie cubierta por hielo esté sobredimensionada producto de nieves estacionales. Aún así el cambio es dramático / © Elaborado por Emil Stefani.

 

 

Referencias:

  • Andrasanu, A. (2006). Basic concepts in geoconservation. Mesozoic and Cenozoic Vertebrates and Paleoenvironments., 10, 37–41.
  • Brilha, J. (2016). Inventory and Quantitative Assessment of Geosites and Geodiversity Sites: a Review. Geoheritage, 8(2), 119–134. https://doi.org/10.1007/s12371-014-0139-3
  • Cuffey, K. M., & Paterson, W. S. . (2010). The Physics of Glaciers. In Journal of Chemical Information and Modeling (Vol. 53, Issue 9). https://doi.org/10.1017/CBO9781107415324.004
  • Kääb, A., Reynolds, J. M., & Haeberli, W. (2005). Glacier and Permafrost Hazards in High Mountains. 225–234. https://doi.org/10.1007/1-4020-3508-x_23
  • Marzeion, B., Cogley, G., Richter, K., & Parkes, D. (2014). Attribution of global glacier mass loss to anthropogenic and natural causes. Cryosphere, 8(1), 59–71. https://doi.org/10.5194/tc-8-59-2014
  • Palomo, I. (2017). Climate Change Impacts on Ecosystem Services in High Mountain Areas: A Literature Review. Mountain Research and Development, 37(2), 179–187. https://doi.org/10.1659/MRD-JOURNAL-D-16-00110.1
  • Qin, D., Zhou, B., & Xiao, C. (2014). Progress in Studies of Cryospheric Changes and Their Impacts on Climate of China. Journal of Chemical Information and Modeling, 53(9), 1689–1699.
  • Sun, M., Ma, W., Yao, X., Zhao, L., Li, Z., & Qin, D. (2020). Evaluation and spatiotemporal characteristics of glacier service value in the Qilian Mountains. Journal of Geographical Sciences, 30(8), 1233–1248. https://doi.org/10.1007/s11442-020-1779-7

Imagen Destacada:

  • Pequeña cascada en un glaciar maulino. Los glaciares actúan como reguladores hídricos, aportando agua en épocas de sequía o verano. Región  del Maule, Chile / © David Cossio. Link ubicación