Una investigación realizada por un equipo de la Universidad de Chile documenta la reducción sostenida del glaciar Echaurren Norte y advierte sobre las consecuencias de dicho retroceso en la disponibilidad hídrica.

En los últimos setenta años, el glaciar Echaurren Norte ubicado en el Cajón del Maipo ha perdido el 65 % de su superficie. Este retroceso, documentado a partir de registros históricos y mediciones en terreno, evidencia el retroceso y demuestra los efectos del cambio climático. A través del mencionado estudio, publicado en la revista Annals of Glaciology de la Universidad de Cambridge, nos acercaremos a esta masa glaciar para comprender mejor los factores que han marcado su disminución en las últimas décadas. 

Toma de coordenadas de los puntos de control para el levantamiento fotogramétrico sobre el glaciar Echaurren Norte, en abril de 2026. Fotografía: Felipe Ugalde.

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Siete décadas de acelerada pérdida

Desde mediados del siglo XX, el glaciar Echaurren Norte ha experimentado una transformación radical, al pasar de una masa de hielo uniforme a fragmentarse en pequeñas unidades cubiertas por escombros. Según el estudio liderado por el Dr. James McPhee, cuando comenzó el registro en 1955, su superficie alcanzaba una extensión continua de 0,52 km², cifra que comenzó a disminuir paulatinamente durante las décadas siguientes: en 1996 el glaciar ya se reducía a 0,41 km², y en 2009 a 0,33 km². En 2023 alcanzó su mínimo histórico con apenas 0,18 km² de superficie. Si a mediados del siglo pasado el glaciar tenía una superficie equivalente a más de la mitad del Parque O’Higgins, actualmente equivale a una cuarta parte del mismo espacio.

Sin embargo, la pérdida del glaciar no ha sido uniforme a lo largo del tiempo. Si bien en las primeras dos décadas el retroceso se mantuvo estable, el estudio revela que a partir del 2009 se inició una tendencia de retroceso persistente y severo, multiplicándose casi por siete la pérdida anual promedio. Como consecuencia del aumento de los días del año en que el calor afecta la totalidad de la superficie glaciar, desde el 2015 este deterioro sólo se ha profundizado. 

Hoy, el glaciar corresponde a apenas una fracción de lo que fue a mediados del siglo pasado: se encuentra fragmentado en varias unidades más pequeñas, denominadas técnicamente glaciaretes, y su superficie dejó de presentar hielo limpio visible, quedando actualmente cubierta en su totalidad por una capa de escombros. Este proceso de degradación acerca al glaciar a un escenario lamentable: su posible desaparición en las próximas décadas.

Atardecer sobre la superficie del glaciar Echaurren Norte en abril de 2026. Fotografía: Felipe Ugalde.

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¿Por qué este glaciar es fundamental para la zona central?

Ubicado al norte de la Laguna Negra, en la cuenca alta del río Yeso, en el Cajón del Maipo, el glaciar Echaurren Norte es una pieza clave en el engranaje hídrico que sostiene la región más poblada de Chile. Las aguas provenientes de sus deshielos fluyen directamente hacia la Laguna Negra, un reservorio natural de vital importancia en el sistema de almacenamiento y distribución de agua en Santiago. 

Su localización lo convierte en un aporte directo a la red de canales y embalses que abastecen tanto el consumo tanto humano como las actividades agrícolas de la zona central. Por ello, su relevancia se hace especialmente evidente en contextos de escasez hídrica, ya que el glaciar actúa como un reservorio natural: acumula nieve en años favorables y libera ese recurso de forma regulada durante las estaciones secas o periodos de escasez prolongada. A pesar de su avanzado proceso de degradación, su estructura protegida por sedimentos le permite seguir actuando como un regulador hídrico, liberando agua de forma tardía y aportando caudales en momentos en que las precipitaciones son mínimas o inexistentes.

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Un glaciar de referencia en Sudamérica 

Más allá de las transformaciones documentadas por el estudio reciente, el glaciar Echaurren Norte destaca por su valor científico a nivel internacional. En glaciología, un “glaciar de referencia” es aquel que cuenta con registros continuos y de largo plazo sobre su balance de masa, es decir, la relación entre la acumulación de nieve y la pérdida de hielo. En este contexto, el glaciar Echaurren Norte constituye un caso excepcional: su monitoreo sistemático, iniciado en la década de 1970, ha dado lugar a la serie de mediciones ininterrumpidas más extensa de todo el hemisferio sur.

Balance de masa glaciológico vs geodésico en el glaciar Echaurren Norte, medición directa con balizas vs medición indirecta con imágenes satelitales respectivamente. Imagen: DGA-MOP Unidad de Glaciología y Nieves.

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Esta continuidad lo posiciona como uno de los dos únicos glaciares de referencia en Sudamérica, junto al glaciar Zongo ubicado en Bolivia, reconocidos por el World Glacier Monitoring Service en el marco de la Global Terrestrial Network for Glaciers, servicio destinado al monitoreo sistemático del balance de masa glaciar. A nivel nacional, además, es considerado una prioridad al ser clasificado como glaciar de Nivel 1 dentro de la Estrategia Nacional de Glaciares; esto significa que forma parte de una selección de glaciares prioritarios para un estudio intensivo. Esta calificación convierte a esta masa de hielo como una prioridad nacional y obliga al Estado a realizar estudios detallados sobre su comportamiento para entender el futuro del agua en la región. 

En esta línea, Felipe Ugalde, investigador partícipe del estudio, señala que “los datos recabados en este glaciar han sido clave para entender los cambios de balance de masa a nivel de los Andes de Chile y Argentina junto con su relación con fenómenos hidroclimáticos como La Niña / El Niño”. 

A partir de esta declaración, se puede afirmar que el seguimiento sostenido del glaciar por parte de los investigadores ha permitido convertir los datos recopilados en una herramienta clave para la comunidad científica, ya que estos contribuyen a afinar la precisión de los modelos climáticos, reconstruir el comportamiento de otros glaciares de la región y distinguir entre la variabilidad natural del clima y los cambios provocados por el calentamiento global. De este modo, su estudio no solo aporta información sobre un glaciar en particular, sino que contribuye a comprender la evolución de los sistemas glaciares en los Andes y su respuesta frente al cambio climático.

Glaciar Echaurren Norte parcialmente cubierto de nieve en abril de 2026. Se observan escasos afloramientos de hielo visible bajo el afloramiento rocoso en la cabecera del glaciar. Fotografía: Felipe Ugalde.

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Monitoreo glaciar: de las estacas al satélite 

Durante las primeras décadas de estudio, el trabajo en terreno ha sido fundamental. Los equipos de investigación seguían un método glaciológico tradicional: el uso estancas en el hielo para medir cuánto se derrite su superficie y excavaciones de pozos en la nieve para analizar las capas acumuladas durante el invierno. De esta forma, podían estimar la cantidad de agua que el glaciar ganaba y perdía cada año.

Con el pasar del tiempo, y debido a que el glaciar se volvía cada vez más difícil de transitar por la presencia de rocas y escombros, estas mediciones se complementaron con tecnologías más avanzadas que permiten escanear el hielo sin tocarlo: con el uso de escáneres láser se logró generar mapas tridimensionales del glaciar y calcular con precisión los cambios en su volumen. Por otra parte, la medición con Georradar (GPR) permitió medir el espesor real del glaciar a través de la nieve y el hielo hasta llegar bajo la superficie de la roca. Estos métodos, sumados a sistemas de navegación satelital de alta precisión, imágenes aéreas e históricas, algunas que se remontan a mediados del siglo XX, y estaciones meteorológicas instaladas en la zona, que registran variables como temperatura, radiación solar y viento, permitieron obtener de forma confiable estos resultados. Al momento de contrastar las mediciones en terreno con datos satelitales y registros históricos, los investigadores pudieron validar la información y reducir los márgenes de error, generando así una base sólida para comprender la evolución de este glaciar y de otros sistemas similares en la cordillera de los Andes.

Evolución histórica de la superficie y la cobertura del glaciar Echaurren Norte desde 1955 hasta 2023. De (a) a (e) Contorno del glaciar (fila superior) e interpretación del tipo de superficie (fila inferior) para los años 1955 (a), 1996 (b), 2009 (c), 2021 (d) y 2023 (e), respectivamente. (f) Serie temporal de la superficie total en relación con 1955 (línea negra) y la cobertura de detritos en relación con 2023 (línea roja). Gráfica: A 70 year chronicle of the evolution of Echaurren Norte Glacier, Central Andes of Chile

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Factores que explican su retroceso

El acelerado derretimiento del glaciar Echaurren Norte desafortunadamente no responde a una sola causa, sino a la interacción de distintos factores climáticos y físicos que, en conjunto, han acelerado su degradación.

Uno de los más determinantes es el aumento sostenido de la temperatura en la alta cordillera, específicamente a través del ascenso de la llamada “isoterma 0°C”, es decir, el nivel altitudinal por sobre el cual el agua se mantiene congelada. En las últimas décadas, especialmente desde el 2015, el estudio de este límite ha superado con mayor frecuencia la altura del glaciar, extendiendo la temporada de deshielo y aumentando la cantidad de días al año en que toda su superficie queda expuesta a altas temperaturas que causan su derretimiento.

A este fenómeno se suma una importante disminución en las precipitaciones. Desde 2010, la zona central de Chile ha experimentado una prolongada sequía que ha reducido la acumulación de nieve, limitando la capacidad del glaciar para recuperar masa durante el invierno. Con la ausencia de esta capa de nieve (que actúa como protección frente a la radiación solar) el hielo queda expuesto durante más tiempo a condiciones que aceleran su deshielo.

Como se ha señalado, las transformaciones en el estado físico del glaciar también actúan como un factor que intensifica este proceso. Su fragmentación en tres unidades menores y la mayor exposición a condiciones de alta temperatura han contribuido a la pérdida progresiva de masa y de su dinámica de flujo. A esto se añade la acumulación de escombros sobre su superficie. Estos sedimentos y rocas, en espesores delgados, favorecen un aumento de la absorción de calor y, por lo tanto, aceleran el derretimiento del hielo menos visible. En consecuencia, el Echaurren Norte ha transitado desde un glaciar activo hacia un cuerpo de hielo prácticamente en estado residual.

El conjunto de estos procesos ha sido reconocido también por la comunidad científica. En palabras del investigador y glaciólogo Felipe Ugalde, el Echaurren Norte “ha sido un gran precedente respecto a las variaciones de glaciares de montaña en la región andina en los últimos 70 años”, y «sus cambios son fiel reflejo de cómo otros glaciares emblemáticos en las cercanías han evolucionado”, como San Francisco, Bello y Yeso en la Región Metropolitana, el glaciar Universidad en O’Higgins y el Juncal Norte en Valparaíso, entre otros.

Estas dinámicas evidencian la vulnerabilidad de los glaciares de la cordillera central frente a las condiciones climáticas actuales, donde la pérdida de masa, la fragmentación y los cambios en su estructura interna configuran una transformación profunda y sostenida.

Detritos cubriendo afloramiento de hielo en Echaurren Norte. Fotografía: Daniela Carrión.

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Cuando el retroceso ya es un hecho: el rol del monitoreo

El estado actual del Echaurren Norte marca un punto de inflexión. Sin embargo, su evolución no implica necesariamente una desaparición inmediata ni mucho menos la pérdida de su valor.

En este escenario crítico, el monitoreo sistemático se convierte en una herramienta de seguridad hídrica. Gracias a esta investigación, los datos acumulados en estos últimos setenta años permiten reducir la incertidumbre, proyectar la disponibilidad de agua para Santiago y la zona central y ajustar los modelos climáticos. Por ello, la continuidad de estas investigaciones es fundamental frente al desafío actual.

Por consiguiente, como Fundación Glaciares Chilenos, además de hacer un llamado a la protección, insistimos en reconocer que el estudio científico es nuestra mejor estrategia de adaptación en estas críticas circunstancias. La crisis climática ya es una realidad, y frente a la amenaza de preocupantes recortes en los presupuestos para la ciencia, desatender el monitoreo de nuestros glaciares es el gran retroceso que nos llevaría a renunciar a la capacidad de anticipar el futuro. El monitoreo y su fortalecimiento es una inversión que nos permite obtener información, planificar el territorio y evitar las consecuencias más graves de un derretimiento que a día de hoy no es una suposición, es un hecho. 

La historia observada en este recorrido por el glaciar Echaurren Norte nos enseña que, para protegernos, primero debemos ser capaces de observar, medir y sostener el conocimiento en el tiempo. Si bien cada día es más tarde, aún estamos a tiempo de actuar en pos de nuestro futuro.

Estación meteorológica móvil sobre la superficie del glaciar Echaurren Norte en octubre de 2025. Fotografía: Felipe Ugalde.

 

Imagen destacada: Comparación del glaciar Echaurren en 1989 y 2023. En décadas recientes este glaciar ha disminuido en área y volumen debido a su balance de masa negativo acumulado. Imagen: Inventario Público de Glaciares de Chile, 2025, DGA, Chile

Fuentes:

  • Fundación Glaciares Chilenos. (may 2026). «Repositorio: Glaciar Echaurren Norte». Latitud Glaciar .
  • McPhee, James, Daniela Carrion, Felipe Ugalde, Katherine Oliva-Muñoz, Noemí Villagra, Gino Casassa, Alexis Segovia, Humberto Peña, and Cedomir Marangunic. “A 70 Year Chronicle of the Evolution of Echaurren Norte Glacier, Central Andes of Chile.” Annals of Glaciology 67 (2026): e16. https://doi.org/10.1017/aog.2026.10050.
  • Rivera, Andrés. (may 2026). «Glaciar Echaurren Norte». Laboratorio de Glaciología