Cuando partíamos a nuestra caminata sobre hielo en el Glaciar Exploradores, la guía aparte de entregarnos interesante información sobre el glaciar y sus formaciones y de lo que podríamos observar en la caminata, nos dice: «espero que tengamos suerte y podamos ver además un -Dragón de la Patagonia-«. Muchos nos imaginamos un ser bestial casi mitológico aún no revelado por los medios y que estaría acechando detrás de alguna grieta . Nadie quiso hacer preguntas, nadie quería pasar por ignorante.

Luego de un par de horas aprendiendo a usar los crampones y deslumbrados con el color de hielo limpio que va desde el blanco pasando por el turquesa hasta el azul más profundo, que corresponde a hielo altamente comprimido casi sin oxigeno y puro en un borde por donde pasaba una tenue corriente de agua de hielo derretido, la guía nos indico «acá hay uno», nadie salió corriendo espantado, no se podía, estábamos parados con nuestros crampones enterrados en las paredes de hielo de una caverna turquesa. Cuando al fin pudimos acercamos para ver ese ser diminuto, un pequeño insecto de no más de 2 cms de largo y con algún parecido a nuestras queridas Tijeretas pero de color negro, sentimos una gran decepción… ese era el «Dragón de la Patagonia». Luego de pensar que nuestras expectativas no eran satisfechas con nuestro deseo de ver una especie de gran tamaño, comenzamos a maravillarnos al pensar y preguntarnos ¿cómo este ser diminuto logra vivir en ese ambiente congelado?, ¿de que vive?, ¿como no muere por el frío?… un montón de preguntas comenzó a rondar en torno a esta maravilla viviente.

Esta especie de insecto única se pensaba extinta, hasta que en una expedición al Glaciar Upsala en Argentina lo descubrió vivito y coleando. Lo bautizaron como Andiperla willinki, en honor al científico francés que lo descubrió por primera vez en una expedición en el año 1956. Hoy es conocido por el vulgo como la «Perla de los Andes». Pasaron 20 años sin volver a saber nada del bichito aquel hasta que en el 2001 una nueva expedición francesa, esta vez al Glaciar Grey en Chile lo redescubrieron. Se pensó que era una nueva especie y lo bautizaron como «Dragón de la Patagonia», la noticia fue difundida por los medios locales como un gran hallazgo, sin embargo el mundo científico se daría cuenta que se trataba del mismo insecto.

Hoy se le considera una especie nativa de Chile encontrándose en las regiones de Aysén y Magallanes (Ministerio del Medio Ambiente Chile, 2014) con distribución limitada en los Campos de Hielo Norte, Sur y la Cordillera de Darwin, por lo que también se le encuentra en Argentina. Es un insecto extremófilo de entre 1,5 a 3,0 cms. de largo, tiene 3 pares de patas, un abdomen dividido en 11 segmentos color negro granate y dos ojos compuestos. Es la única especie descrita que desarrolla su ciclo de vida en el hielo glaciar. Las adultos caminan activamente sobre los pequeños canales dentro del hielo, mientras que las ninfas permanecen sumergidas en el agua de manantiales o posones saliendo a la superficie del hielo en horarios nocturnos. Se alimenta de bacterias que viven en el hielo, además de microalgas en las fases larvarias y desechos orgánicos de ambientes naturales con hojas en descomposición. Para evitar la congelación, su Hemolinfa (equivalente en insectos a la sangre) contiene un anticongelante natural a base de glicerol (similar al que se usa en los sistemas de refrigeración de automóviles) que evita que pueda morir congelado.

Todo esto parece casi extraterrestre, pero este pequeño insecto que además es capaz de soportar enormes niveles de presión ya que ha sido encontrado a más de 40 mts de profundidad bajo glaciares como el San Rafael. Es una promesa para todo tipo de investigaciones científicas y una maravilla natural desconocida por la mayoría de los chilenos. Solo queda preguntarse cuantos bichitos habremos pisado en nuestra caminata y cuantos mas serán pisados por los cientos de excursionistas que hoy se adentran en los Glaciares Chilenos.